Foro

 

Foro romano -del latín forum, ‘plaza de mercado’ o ‘lugar al aire libre’-, plaza de mercado y centro de negocios privados y públicos de la antigua Roma;  término usado por los antiguos romanos para referirse al espacio grande, abierto y rectangular, se ubicaba centralmente en la ciudad donde tenía lugar la asamblea del pueblo. En un principio era un espacio abierto, sin edificios, en el que la gente se reunía los días de mercado y en las fiestas religiosas, para las elecciones y para otros acontecimientos públicos; está emparentado con el ágora griega

A modo de los antiguos foros romanos, emergiendo por una necesidad de confluencia, intercambio y enriquecimiento constante de la cultura  creamos este espacio para propiciar un lugar de reflexión sobre las temáticas especificas de nuestro acontecer. Se llevará a cabo a partir de publicaciones de miembros de la Red o temáticas que nos propongan. Se los invita a acercar opiniones personales, artículos y sugerencias.

En este mismo espacio se podrá también  consultar  sobre la temática de investigación y sobre  la  bibliografía de este año. Las consultas serán respondidas por los miembros de los grupos de  investigación de la red.

La modalidad a seguir será vía mail, con su posterior publicación.

 

Iniciando el diálogo proponemos como primer Foro:

   Crisis en la Argentina.

"Sobre la brutalidad sobre sí mismo, Algunas reflexiones sobre la crisis en la Argentina"-     

            Lic. Luis Vicente Miguelez 

Paul Auster se pregunta en una entrevista realizada en estos días en Buenos Aires cómo es que un país con una cultura tan sofisticada sea tan brutal consigo mismo. Esta pregunta planteada de otra forma se la han hecho muchos viajeros ocasionales –ilustres o no - que en estos tiempos han pasado por nuestras tierras. La manera en que  la formula Auster pone a cielo abierto un aspecto oscuro de nuestro devenir social.

Me interesa subrayar lo de brutalidad. Hay algo de una  primitiva crueldad, de un daño innecesario, de un hacer irreflexivo que al ponerlo con relación a una cultura sofisticada llama la atención al viajero.

Me interesa también destacar que se trata de una brutalidad consigo mismo.

Esto hace a la cuestión enigmática. Se está acostumbrado a observar que esta brutalidad  en sociedades con culturas desarrolladas  por momentos aparece y se ensaña con los otros, con los extranjeros. El espectáculo de una Europa con una creciente política xenófoba y de un Israel ejerciendo una acción genocida nos preocupa muchísimo pero no nos resulta incomprensible. Una brutalidad lanzada contra uno mismo es verdaderamente sorprendente.

Sin embargo no se trata del suicidio. Acto existencialmente comprensible aunque éticamente condenable. No hay brutalidad en el suicidio, los románticos que lo colocaron entre los actos sublimes, se encargaron de resaltar su lado estético. Se trata en cambio de la brutalidad. Del gesto grotesco del mazo haciendo estallar los sesos, de la violación de una niña por el soldado embriagado en sangre.

Esa brutalidad dirigida contra sí mismo, es una imagen que sorprende. También, por qué no, que puede incitar a la risa. Recordemos  del genial film Brancaleone en las Cruzadas  la escena en la cual un cristiano balanceaba una piedra enorme atada a la rama de un árbol que a su regreso estallaba contra su pecho mientras clamaba por el perdón de Dios. Sabemos que toda tragedia puede tener su retorno como farsa.

Si al continuo desacierto de nuestros gobernantes se le suman uno tras otro cual ametralladora infernal, comentarios abrumadores y apocalípticos de nuestra debacle, si se mezclan ironías y chistes con llantos e insultos en un sin fin que incrementa el dolor y la desesperación colectiva al límite, es lógico que alguien, un extranjero cuya mirada se pose en nosotros se pregunte por qué tanta brutalidad contra sí mismo. 

Ahora bien esta brutalidad de la que habla Auster creo entender que no es sólo de la crisis. Crisis brutal por cierto, que se desató por un exceso de malas administraciones, de políticas corruptas y de intereses mezquinos de más de uno en el gobierno y fuera de él. Crisis de un capitalismo globalizado que en su estado agónico pretende sostenerse con la miseria y la desgracia de las mayorías sin proveer  siquiera la ilusión de un futuro más justo. Crisis que debemos afrontar como otros pueblos en su historia lo hicieron con mejores o peores resultados. Pero una crisis por más terrible que se nos presente no se debe confundir con la brutalidad. La brutalidad es la forma sustantivada de la crueldad, del goce superlativo en la destrucción por la destrucción misma.

De las crisis sabemos, se puede salir si se hace frente al conflicto y se descubren los resortes resistenciales que impiden un movimiento diferente, un salto audaz que introduzca otra perspectiva en la marcha colectiva. ¿Podremos o no hacerlo?. De nuestra cultura y no tanto de nuestra economía depende la respuesta. Por eso cuando alguien, un extranjero que admiramos, un amigo de afuera que observa con interés e inteligencia nuestro adentro  dice asombrado que ejercemos brutalidad contra nuestra propia cultura, contra nosotros mismos, debemos detenernos un momento y ponernos a reflexionar sobre este hecho.

¿Será posible que las fuerzas de la cultura encuentren la manera de  constituir un lazo social suficientemente atemperado de destructividad colectiva?.  Tal vez se trata de comenzar por dejar de pensar en términos de los otros - “la culpa la tiene el otro” - cuando  lo que está en juego es el nosotros que está en ese “los otros”. Somos todos parte de un mismo cuerpo social que se lastima permanentemente a sí mismo.

Si hay una posibilidad aún de transformar la política y darnos otros representantes, cuya representación no se vuelva autorización para hacer su capricho, será en la medida en que podamos incluir nuestra responsabilidad como ciudadanos en aquello de lo que nos quejamos. Responsabilidad que implica poder pensar la manera en que la razón y la verdad de cada cual encuentre la manera de realizarse con la de los otros en una actividad compartida. Solamente entonces, tal vez entonces, podremos reorientar en una torsión sublimatoria  esas pulsiones agresivas hacia actividades que transformen nuestro entorno en fuerzas productivas  y no que se dirijan hacia nosotros mismos cimentando nuestra propia destrucción.

La cultura tiene su mejor función cuando encuentra la manera de hacer del malestar colectivo, que no deja de hacerse presente, un asunto de todos. Cuando se logra tejer una urdimbre de valores compartidos, de marcas identitarias positivas y de lazos solidarios se pueden soportar mejor las crisis y las desdichas colectivas.  Una sociedad contribuye a ello cuando sabe reconocer a los mejores, cuando valora el trabajo y el gesto solidario más que el éxito y la viveza.   

Es hora de dejar de lado formulaciones explicativas donde lo primero que se  postula es que la culpa es del otro.  Ésta es la primera condición para poder volver a pensar de nuevo.

No se trata de desculpabilizar a los malos gobernantes sino de responsabilizarse en tanto ciudadano. Responsabilidad cuya formulación sencilla podemos tomar de la práctica del  psicoanálisis  que al  inicio de una cura interroga al paciente “veamos cual es su implicación en el desorden del que se queja”. Única manera en que un sujeto se haga cargo del malestar que lo atormenta sin infantilizarse en una demanda desoída.

Si es posible qué un país con una cultura sofisticada, sea tan brutal consigo mismo es porque sus ciudadanos han dejado de ejercer en gran medida la responsabilidad de su destino. El masoquismo individual o colectivo tiene su razón en una lógica que confiere al Otro el destino del goce del cuerpo propio. Cuerpo individual o cuerpo social azotado, lacerado, entregado a la fusta del Otro –espejismo con el pretendemos sostener al Otro mientras  somos nosotros mismos los que nos maltratamos. ¿Será cierto que la nueva nietzscheana de que Dios ha muerto no encuentra otra manera de ser refutada que el masoquismo?

¿Seremos capaces de renunciar a semejante goce mortífero para asumir de una vez por todas las riendas de nuestro destino, con sus limitaciones, sus flaquezas y sus sinsabores, con responsabilidad y sin culpas? Temor y temblor  que  Kierkegaard reconocía frente a lo insondable del propio destino. Cuestión a la que Freud volvía menos épica pero más humana colocando al sujeto frente a la incomodidad de su propio deseo.

 

   Nos empiezan a llegar Comentarios al foro: 

 

    From: MJ

To: Luis Vicente Miguelez

Cc:

Sent: Friday, July 05, 2002 6:59 PM

Subject: Comentario.

 

Querido Luis:

                   Quería hacerte llegar un pequeño comentario acerca tu escrito.  Específicamente sobre la observación de Paul Auster, observación pregunta sobre la crueldad vuelta sobre nosotros mismos. Me evocó inmediatamente una reflexión de Albert Speer, el llamado "arquitecto de Hitler", al final de la guerra donde esta estaba irremediablemente perdida y Alemania devastada dijo:"¿Cómo es posible (contemplando la destrucción que lo rodeaba) en la tierra de los filósofos y los poetas?

                  Más allá de la simpatía o no que uno tenga por los aportes de estos filósofos y poetas me parece imposible dejar de reconocer el aporte de autores germano parlantes a la cultura occidental. En este sentido el psicoanálisis es hijo, de algún modo, de esa misma cultura.

                 Tal vez haya que pensar el desarrollo de la cultura y la instrucción misma como una cuestión donde lo Simbólico se ha desarrollado (acá hay que pensar en la sublimación) como modo de procesar el malestar inherente a la cultura. Ahora bien, acá viene la cuestión, no será que cuando la opresión llega a un límite abismal y lo Simbólico (sublimación incluida) no está al alcance de todo el mundo se trata de recubrir lo Real por lo Imaginario??? Es una pregunta solamente, creo que el mérito de la misma es acercarnos a ciertos fenómenos de locura colectiva, tal vez sería mejor llamarla "locura masiva" como intentos fallidos de dar alguna respuesta. Casi te diría que es posible observar en esa locura que, a veces invade lo cotidiano, una restitución. Me parece que este es el circuito que saca a la luz esa dimensión fantasmática que vos traes con su claro componente masoquista.

                 Hay también, en otro sector social, una posición sádica y esos otros ocupan por la vía de una violencia científico-económica más o menos solapada buena parte del lugar del Otro. Creo que la opresión tiene que ver con esto y que, la víctima principal de todo esto es lo Simbólico, por eso los lazos sociales están en una situación crítica. Cuando la relación valor-precio se absolutiza hasta convertirse en lo privilegiado del discurso (se puede entender mucho de lo ocurrido en los 90 de este modo) es, de algún modo inevitable que esa relación se disloque. Esa absolutización de la relación valor-precio trajo ilusiones de progreso gratuito que tuvieron el destino de toda ilusión absolutizada ya no la desilusión sino más bien el desastre.

                 Si estas hipótesis acercan algo de la verdad en cuestión entonces instalar alguna preguntas no será ocioso. He aquí algunas:

¿ Qué entregamos, como sociedad, en los últimos años? (el lapso de tiempo podría elevarse a décadas).

¿Era eso entregado algo sin valor, un obstáculo para el progreso? Acá podemos incluir tanto a las empresas estatales privatizadas como nuestras costumbres, ideas, ideales y algo que tiene que ver con esto como es el apego a la ley característico de la civilización.

¿ A quién se entregó esos bienes? Beneficiarios

¿Cuáles fueron las promesas locas que estuvieron en juego para consumar esto? Medios de comunicación masivizantes (carentes por completo de capacidad de reflexión).

                  Borges se interrogó largamente, siguiendo la polémica de su época en los años 30 y siguientes, acerca de que implicaba "ser argentino",  dio muchas respuestas llenas de ironía sobre esto burlándose de los "nacionalistas". A la vez observó una característica que me parece central y es que no tenemos idea de cual es y en que consiste el patrimonio común a la sociedad. Obramos muchas veces como si ese patrimonio no existiera, es decir sin reconocerlo, o simplemente desmereciéndolo. Tal vez algo de todo esto tenga que ver con lo que sucede actualmente y de lo que algunos, psicoanalistas y no, no podemos dejar de ocuparnos.

                   Hasta la próxima ....

 

    Martín J. Vicondoa. 

Puede consultar también sobre el tema  el artículo "Enfermedad" escrito por Martín Vicondoa y que fuera publicado parcialmente en Página 12 el 27/6/02. 

           Enfermedad

 

  Desde Brasil, María Rita Kehl nos hizo llegar  un artículo publicado en una revista brasileña sobre los argentinos y su crisis.

             Tão argentinos como nós

      

    Nuestra colega y miembro de la Red, Beatriz Edelstein nos acerca:

             Pedido de ayuda en disyuntiva

 

    Carlos Guzzetti, miembro de la Red, se suma con este texto al foro:

 

         EL TRABAJO DE LOS ANALISTAS EN TIEMPOS DE TRAUMA SOCIAL.

           SEGREGACIÓN, EXCLUSIÓN Y HOSPITALIDAD”.[1]

 

... los psicoanalistas tenemos en estos tiempos una importante función que cumplir, porque precisamente los tiempos de trauma social son tiempos de destrucción de subjetividades, son tiempos de abolición de los relieves subjetivos, aquello de lo en verdad, nos ocupamos permanentemente los analistas.

...Lo que determina la eficacia del análisis es algo que sucede no en el plano de las ideas, sino en el interior mismo de ese vínculo que se genera entre analizante y analista, de eso que el análisis define como la transferencia. Y acá me parece que está lo más singular, lo más inédito, lo más nuevo que introduce el freudismo en la cultura de occidente, hace ya mas de un siglo. Introduce un lazo social que es completamente nuevo. ¿Por qué novedoso? No precisamente porque está hecho de algo distinto que, o de algo nuevo, eso está hecho de lo mas viejo, decía Freud, que es el amor, el viejo amor, del que habla toda la cultura humana.

...La neurosis de transferencia es una neurosis artificial, decía Freud. El amor de transferencia es una ficción, con lo cual no quiere decir que no sea verdadero. Pero es una ficción porque es eficaz, las condiciones de instauración de la transferencia son eficaces para alojar los deseos del sujeto. Solamente en esa condición de alojamiento amoroso, es posible que se despliegue el deseo del sujeto y que se lo pueda hacer producir algo, por lo menos, algún síntoma diferente.

...es preciso, en estos momentos, recordar que el invento del psicoanálisis como dispositivo terapéutico por parte de Freud, implicó la introducción de un lazo social estrictamente novedoso. Estrictamente novedoso, y que, por otra parte se sostiene en lógicas completamente diferentes que las lógicas de la segregación.

...los analistas tenemos mucho trabajo que hacer en tiempos de trauma social, estamos en un momento donde tenemos mucho por hacer con nuestra disciplina, mucho por hacer con nuestras ideas, mucho por hacer con nuestros conceptos, mucho por hacer con nuestros pacientes y mucho por hacer con aquellos que todavía no han llegaron pero que van a llegar a la consulta.

(cliquee abajo para acceder al artículo completo)

         “El trabajo de los analistas en tiempos de trauma social.

              Segregación, exclusión y hospitalidad”.

 

Dos comentarios de Alberto Sladogna de Mexico DF mailto:sladogna@mail.internet.com.mx

 

17/702

Estimados Carlos:

He leído tu texto: El trabajo de los analistas en tiempos de trauma social. Segregación, exclusión y hospitalidad. En principio estoy sorprendido de manera muy grata, es increíble que no nos habíamos conocido y compartimos tantas cuestiones, desde los juguetes de la época de los 50 hasta la forma de abordar cuestiones de nuestra práctica. [...] Esa clase de encuentros, dada la miseria actual de las "relaciones analíticas", es muy buena, al menos así lo es para mí.

Tu texto se organiza a través de un eje muy interesante: trauma, catástrofe y acontecimiento. Haces recorrer esa cuestión localizando la historia y los momentos de cambios en los sistemas del lazo social.

Me permito indicarte algo, a tu trabajo, siguiendo la lógica del mismo, le convendría introducir con más fuerza el hecho real. Le llamo hecho real  que a partir del campo de concentración surge la post modernidad. Te sugiero una lectura muy buena: Modernidad y Holocausto de Zygmunt Bauman, editorial Sequitur, Toledo.

Es en Auschwitz, a partir del cual ya no es posible la poesía, frase que leo en el sentido de que ya la poesía que se vaya a producir y se produce -Semprún sigue escribiendo, Primo Levi continuó escribiendo- pero ya, la poesía, no tiene más lugar. Baste con ver el desierto en que se ha convertido desde el punto de vista cultural la ciudad de New York.

A partir de Auschwitz el hecho real es la inserción de un nuevo tipo de lazo social cuyo elemento de determinación, es a mi entender, la ciencia. La ciencia en la vida cotidiana: cuando nos dicen en el avión de tomar las mascarillas, nosotros, los usuarios, no sabemos que esa mascarilla es el resultado de los experimentos científicos efectuados en Auschwitz;  o peor aún, cuando los movimientos feministas reivindican el aborto se acercan, por izquierda o por derecha, a la temática de la eugenesia -una forma de purificación racial- (por ejemplo en los países árabes, en algunos de ellos, se emplea la ciencia para detectar el sexo del heredero, entonces cuando es una mujer y no hay primogénito, se efectúa un aborto). Ojo, en la Alemania de esa época izquierda y derecha coincidían en defenderla. Esos acontecimientos tienen incidencia directa en los casos que recibimos en el diván, baste con hacer una lista de las cuestiones que los analizantes no pasan por el diván como lo hacían antes debido a su "solución" médica, por ejemplo las angustias de si será nena o nene o si tendrá o no malformaciones hoy las "resuelve" la imaginología médica -scanner dixit; la enuresis  se traslada del diván al consultorio médico; las cirugías estéticas que implican una ética alteran el estadio del espejo, al menos, en su valor "diagnóstico".

Entonces, quizás, darle más lugar a esa hebra del real, de la ciencia en tanto actividad desubjetivante, tema tratado de muy buena forma por ti respecto del campo y del actual lazo social. Baste pensar que Cavallo cuando decretó el "corralito" -una forma del campo de concentración- no pensaba en seres humanos sino en números de cuentas habientes, operación semejante a tatuarle el número a alguien en el brazo y luego decir del número 123 al 321 van a la cámara de gas.

Para terminar dos cosas más, me gustó tu respuesta al tema de los psicofármacos, es de carácter analítico, en efecto los analistas no somos anti nada, anti fármacos ni anti psiquiatras, el tema del medicamento tiene una variante real que incumbe al conjunto, la ciencia y luego otra variante singular: cada loco, no por loco está exceptuado de hacerse cargo de "su" relación con el medicamento, o sea es un tema de análisis y no de campañas ideológicas del analista.

La segunda cuestión es indicarte que a mi entender el trauma no guarda relación alguna con el sistema simbólico, incluso diría que en el núcleo del trauma catástrofe y acontecimiento hacen lazo.  Al menos hasta ahora considero conveniente no sacar el dedo del renglón sobre el trauma como real, por ejemplo, cómo nos las arreglamos los psicoanalistas con el trauma, catástrofe y acontecimiento que la pos modernidad nos impone en nuestra práctica cotidiana. Seguiremos diciendo cómo deberían encarar eso otros y mientras no nos hacemos cargo de las incógnitas, para ser suaves, que nuestra práctica debe hacer frente a la "desaparición" en términos de eficacia simbólica de la palabra en la modernidad, ejemplo extremo de ello es la palabra de los "políticos".

Por último una diferencia: ¿en realidad crees que los analistas son neuróticos? A qué se debe que excluyes al psicótico o al perverso con condiciones para ocupar ese lugar. Casos históricos de analistas "perversos" o "psicóticos" hay y muchos más de los pensamos.

Bueno disculpa por mi extenso comentario, él revela que tenemos y tendremos muchas cosas para dialogar y problematizar de forma compartida y con partida.

Un saludo afectuoso 

 

21/7/02

Estimado Carlos:
Aquí te amplío, en la medida de mis posibilidades, la cuestión del trauma, al menos la lectura que te propongo del tema:

El trauma es un problema clínico -no teórico, y su forma de presentarse allí revela un hecho: él es algo  -una extraña formación- que no alcanzó su estructuración inconsciente en la medida en que no se producen otras formaciones de esa vena en su lugar: el ejemplo paradigmático son los  llamados sueños traumáticos revelados por Abraham en relación con los soldados de la 1ra. guerra mundial. Sueños reiterativos que no lograban  resolver aquello que los "sueños" logran efectuar, por ejemplo: la interpretación de un deseo.

A eso le sumo un comentario efectuado por Lacan en su tesis sobre el tema del delirio. Esta formación "psíquica" no es de carácter inconsciente y debe su estructura a ser la respuesta ante un hecho traumático producido en una situación de crisis vital. A mi entender, la clínica indica que el trauma revela una crisis del sistema simbólico que tiene los elementos necesarios para "acoger" una nueva situación vital, de ahí que el trauma tenga un contenido real revelado por imágenes, así los sueños traumáticos, el carácter de sus imágenes los singulariza respecto de otros sueños. Son imágenes del real, no se producen ni metáforas ni metonimias, operaciones propias del simbólico, del simbólico analítico. Por último, más allá de nuestras opiniones sobre tal o cual declaración, nos queda una pregunta: Si las madres de la plaza de mayo siguen marchando,  no es eso una señal más que clara de que algo del real  -los muertos sin cadáver ni sepultura- sólo regresan en las imágenes de esas marchas. No hay significantes que agoten esa imagen del real. El simbólico a pesar de los esfuerzos -placas simbólicas, tumbas simbólicas, etcétera- no logra su cometido, está rebasado.

Hasta aquí llegue al respecto, un abrazo y un saludo afectuoso.


[1] Conferencia pronunciada en el Hospital Alvear. Junio 2002

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