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Iniciando el diálogo proponemos como primer
Foro:
Crisis
en la Argentina.
"Sobre
la brutalidad sobre sí mismo,
Algunas reflexiones sobre la crisis en la
Argentina"-
Lic. Luis Vicente Miguelez
Paul Auster se pregunta en una entrevista
realizada en estos días en Buenos Aires cómo es
que un país con una cultura tan sofisticada sea
tan brutal consigo mismo. Esta pregunta
planteada de otra forma se la han hecho muchos
viajeros ocasionales –ilustres o no - que en
estos tiempos han pasado por nuestras tierras.
La manera en que la formula Auster pone a
cielo abierto un aspecto oscuro de nuestro
devenir social.
Me interesa subrayar lo de brutalidad.
Hay algo de una primitiva crueldad, de un daño
innecesario, de un hacer irreflexivo que al
ponerlo con relación a una cultura sofisticada
llama la atención al viajero.
Me interesa también destacar que se trata de
una brutalidad consigo mismo.
Esto hace a la cuestión enigmática. Se está
acostumbrado a observar que esta brutalidad en
sociedades con culturas desarrolladas por
momentos aparece y se ensaña con los otros, con
los extranjeros. El espectáculo de una Europa
con una creciente política xenófoba y de un
Israel ejerciendo una acción genocida nos
preocupa muchísimo pero no nos resulta
incomprensible. Una brutalidad lanzada contra
uno mismo es verdaderamente sorprendente.
Sin embargo no se trata del suicidio. Acto
existencialmente comprensible aunque éticamente
condenable. No hay brutalidad en el suicidio,
los románticos que lo colocaron entre los actos
sublimes, se encargaron de resaltar su lado
estético. Se trata en cambio de la brutalidad.
Del gesto grotesco del mazo haciendo estallar
los sesos, de la violación de una niña por el
soldado embriagado en sangre.
Esa brutalidad dirigida contra sí mismo, es una
imagen que sorprende. También, por qué no, que
puede incitar a la risa. Recordemos del genial
film Brancaleone en las Cruzadas la
escena en la cual un cristiano balanceaba una
piedra enorme atada a la rama de un árbol que a
su regreso estallaba contra su pecho mientras
clamaba por el perdón de Dios. Sabemos que toda
tragedia puede tener su retorno como farsa.
Si al continuo desacierto de nuestros
gobernantes se le suman uno tras otro cual
ametralladora infernal, comentarios abrumadores
y apocalípticos de nuestra debacle, si se
mezclan ironías y chistes con llantos e
insultos en un sin fin que incrementa el dolor
y la desesperación colectiva al límite, es
lógico que alguien, un extranjero cuya mirada
se pose en nosotros se pregunte por qué tanta
brutalidad contra sí mismo.
Ahora bien esta brutalidad de la que habla
Auster creo entender que no es sólo de la
crisis. Crisis brutal por cierto, que se desató
por un exceso de malas administraciones, de
políticas corruptas y de intereses mezquinos de
más de uno en el gobierno y fuera de él. Crisis
de un capitalismo globalizado que en su estado
agónico pretende sostenerse con la miseria y la
desgracia de las mayorías sin proveer siquiera
la ilusión de un futuro más justo. Crisis que
debemos afrontar como otros pueblos en su
historia lo hicieron con mejores o peores
resultados. Pero una crisis por más terrible
que se nos presente no se debe confundir con la
brutalidad. La brutalidad es la forma
sustantivada de la crueldad, del goce
superlativo en la destrucción por la
destrucción misma.
De las crisis sabemos, se puede salir si se
hace frente al conflicto y se descubren los
resortes resistenciales que impiden un
movimiento diferente, un salto audaz que
introduzca otra perspectiva en la marcha
colectiva. ¿Podremos o no hacerlo?. De nuestra
cultura y no tanto de nuestra economía depende
la respuesta. Por eso cuando alguien, un
extranjero que admiramos, un amigo de afuera
que observa con interés e inteligencia nuestro
adentro dice asombrado que ejercemos
brutalidad contra nuestra propia cultura,
contra nosotros mismos, debemos detenernos un
momento y ponernos a reflexionar sobre este
hecho.
¿Será posible que las fuerzas de la cultura
encuentren la manera de constituir un lazo
social suficientemente atemperado de
destructividad colectiva?. Tal vez se trata de
comenzar por dejar de pensar en términos de los
otros - “la culpa la tiene el otro” - cuando
lo que está en juego es el nosotros que está en
ese “los otros”. Somos todos parte de un mismo
cuerpo social que se lastima permanentemente a
sí mismo.
Si hay una posibilidad aún de transformar la
política y darnos otros representantes, cuya
representación no se vuelva autorización para
hacer su capricho, será en la medida en que
podamos incluir nuestra responsabilidad como
ciudadanos en aquello de lo que nos quejamos.
Responsabilidad que implica poder pensar la
manera en que la razón y la verdad de cada cual
encuentre la manera de realizarse con la de los
otros en una actividad compartida. Solamente
entonces, tal vez entonces, podremos reorientar
en una torsión sublimatoria esas pulsiones
agresivas hacia actividades que transformen
nuestro entorno en fuerzas productivas y no
que se dirijan hacia nosotros mismos cimentando
nuestra propia destrucción.
La cultura tiene su mejor función cuando
encuentra la manera de hacer del malestar
colectivo, que no deja de hacerse presente, un
asunto de todos. Cuando se logra tejer una
urdimbre de valores compartidos, de marcas
identitarias positivas y de lazos solidarios se
pueden soportar mejor las crisis y las
desdichas colectivas. Una sociedad contribuye
a ello cuando sabe reconocer a los mejores,
cuando valora el trabajo y el gesto solidario
más que el éxito y la viveza.
Es hora de dejar de lado formulaciones
explicativas donde lo primero que se postula
es que la culpa es del otro. Ésta es la
primera condición para poder volver a pensar de
nuevo.
No se trata de desculpabilizar a los malos
gobernantes sino de responsabilizarse en tanto
ciudadano. Responsabilidad cuya formulación
sencilla podemos tomar de la práctica del
psicoanálisis que al inicio de una cura
interroga al paciente “veamos cual es su
implicación en el desorden del que se queja”.
Única manera en que un sujeto se haga cargo del
malestar que lo atormenta sin infantilizarse en
una demanda desoída.
Si es posible qué un país con una cultura
sofisticada, sea tan brutal consigo mismo es
porque sus ciudadanos han dejado de ejercer en
gran medida la responsabilidad de su destino.
El masoquismo individual o colectivo tiene su
razón en una lógica que confiere al Otro el
destino del goce del cuerpo propio. Cuerpo
individual o cuerpo social azotado, lacerado,
entregado a la fusta del Otro –espejismo con el
pretendemos sostener al Otro mientras somos
nosotros mismos los que nos maltratamos. ¿Será
cierto que la nueva nietzscheana de que Dios ha
muerto no encuentra otra manera de ser refutada
que el masoquismo?
¿Seremos capaces de renunciar a semejante goce
mortífero para asumir de una vez por todas las
riendas de nuestro destino, con sus
limitaciones, sus flaquezas y sus sinsabores,
con responsabilidad y sin culpas? Temor y
temblor que Kierkegaard reconocía frente a lo
insondable del propio destino. Cuestión a la
que Freud volvía menos épica pero más humana
colocando al sujeto frente a la incomodidad de
su propio deseo.
Nos empiezan a llegar Comentarios al foro:
From:
MJ
To:
Luis Vicente Miguelez
Cc:
Sent: Friday, July 05, 2002 6:59 PM
Subject: Comentario.
Querido Luis:
Quería hacerte llegar un
pequeño comentario acerca tu escrito.
Específicamente sobre la observación de Paul
Auster, observación pregunta sobre la crueldad
vuelta sobre nosotros mismos. Me evocó
inmediatamente una reflexión de Albert Speer,
el llamado "arquitecto de Hitler", al final de
la guerra donde esta estaba irremediablemente
perdida y Alemania devastada dijo:"¿Cómo es
posible (contemplando la destrucción que lo
rodeaba) en la tierra de los filósofos y los
poetas?
Más allá de la simpatía o no
que uno tenga por los aportes de estos
filósofos y poetas me parece imposible dejar de
reconocer el aporte de autores germano
parlantes a la cultura occidental. En este
sentido el psicoanálisis es hijo, de algún
modo, de esa misma cultura.
Tal vez haya que pensar el
desarrollo de la cultura y la instrucción misma
como una cuestión donde lo Simbólico se ha
desarrollado (acá hay que pensar en la
sublimación) como modo de procesar el malestar
inherente a la cultura. Ahora bien, acá viene
la cuestión, no será que cuando la opresión
llega a un límite abismal y lo Simbólico
(sublimación incluida) no está al alcance de
todo el mundo se trata de recubrir lo Real por
lo Imaginario??? Es una pregunta solamente,
creo que el mérito de la misma es acercarnos a
ciertos fenómenos de locura colectiva, tal vez
sería mejor llamarla "locura masiva" como
intentos fallidos de dar alguna respuesta. Casi
te diría que es posible observar en esa locura
que, a veces invade lo cotidiano, una
restitución. Me parece que este es el circuito
que saca a la luz esa dimensión fantasmática
que vos traes con su claro componente
masoquista.
Hay también, en otro sector
social, una posición sádica y esos otros ocupan
por la vía de una violencia
científico-económica más o menos solapada buena
parte del lugar del Otro. Creo que la opresión
tiene que ver con esto y que, la víctima
principal de todo esto es lo Simbólico, por eso
los lazos sociales están en una situación
crítica. Cuando la relación valor-precio se
absolutiza hasta convertirse en lo privilegiado
del discurso (se puede entender mucho de lo
ocurrido en los 90 de este modo) es, de algún
modo inevitable que esa relación se disloque.
Esa absolutización de la relación valor-precio
trajo ilusiones de progreso gratuito que
tuvieron el destino de toda ilusión
absolutizada ya no la desilusión sino más bien
el desastre.
Si estas hipótesis acercan
algo de la verdad en cuestión entonces instalar
alguna preguntas no será ocioso. He aquí
algunas:
¿ Qué entregamos, como sociedad, en los últimos
años? (el lapso de tiempo podría elevarse a
décadas).
¿Era eso entregado algo sin valor, un obstáculo
para el progreso? Acá podemos incluir tanto a
las empresas estatales privatizadas como
nuestras costumbres, ideas, ideales y algo que
tiene que ver con esto como es el apego a la
ley característico de la civilización.
¿ A quién se entregó esos bienes? Beneficiarios
¿Cuáles fueron las promesas locas que
estuvieron en juego para consumar esto? Medios
de comunicación masivizantes (carentes por
completo de capacidad de reflexión).
Borges se interrogó
largamente, siguiendo la polémica de su época
en los años 30 y siguientes, acerca de que
implicaba "ser argentino", dio muchas
respuestas llenas de ironía sobre esto
burlándose de los "nacionalistas". A la vez
observó una característica que me parece
central y es que no tenemos idea de cual es y
en que consiste el patrimonio común a la
sociedad. Obramos muchas veces como si ese
patrimonio no existiera, es decir sin
reconocerlo, o simplemente desmereciéndolo. Tal
vez algo de todo esto tenga que ver con lo que
sucede actualmente y de lo que algunos,
psicoanalistas y no, no podemos dejar de
ocuparnos.
Hasta la próxima ....
Martín J. Vicondoa.
Puede consultar también sobre el tema el
artículo "Enfermedad" escrito por Martín
Vicondoa y que fuera publicado parcialmente en
Página 12 el 27/6/02.
Enfermedad
Desde Brasil, María Rita Kehl nos hizo
llegar un artículo publicado en una revista
brasileña sobre los argentinos y su crisis.
Tão argentinos como nós
Nuestra
colega y miembro de la Red, Beatriz
Edelstein nos acerca:
Pedido
de ayuda en disyuntiva
Carlos Guzzetti,
miembro de la Red, se suma con este texto al
foro:
EL TRABAJO DE LOS ANALISTAS EN
TIEMPOS DE TRAUMA SOCIAL.
SEGREGACIÓN, EXCLUSIÓN Y HOSPITALIDAD”.[1]
...
los psicoanalistas tenemos en estos tiempos una
importante función que cumplir, porque
precisamente los tiempos de trauma social son
tiempos de destrucción de subjetividades, son
tiempos de abolición de los relieves
subjetivos, aquello de lo en verdad, nos
ocupamos permanentemente los analistas.
...Lo que determina la eficacia del análisis es
algo que sucede no en el plano de las ideas,
sino en el interior mismo de ese vínculo que se
genera entre analizante y analista, de eso que
el análisis define como la transferencia. Y acá
me parece que está lo más singular, lo más
inédito, lo más nuevo que introduce el
freudismo en la cultura de occidente, hace ya
mas de un siglo. Introduce un lazo social que
es completamente nuevo. ¿Por qué novedoso? No
precisamente porque está hecho de algo distinto
que, o de algo nuevo, eso está hecho de lo mas
viejo, decía Freud, que es el amor, el viejo
amor, del que habla toda la cultura humana.
...La neurosis de transferencia es una neurosis
artificial, decía Freud. El amor de
transferencia es una ficción, con lo cual no
quiere decir que no sea verdadero. Pero es una
ficción porque es eficaz, las condiciones de
instauración de la transferencia son eficaces
para alojar los deseos del sujeto. Solamente en
esa condición de alojamiento amoroso, es
posible que se despliegue el deseo del sujeto y
que se lo pueda hacer producir algo, por lo
menos, algún síntoma diferente.
...es preciso, en estos momentos, recordar que
el invento del psicoanálisis como dispositivo
terapéutico por parte de Freud, implicó la
introducción de un lazo social estrictamente
novedoso. Estrictamente novedoso, y que, por
otra parte se sostiene en lógicas completamente
diferentes que las lógicas de la segregación.
...los analistas tenemos mucho trabajo que
hacer en tiempos de trauma social, estamos en
un momento donde tenemos mucho por hacer con
nuestra disciplina, mucho por hacer con
nuestras ideas, mucho por hacer con nuestros
conceptos, mucho por hacer con nuestros
pacientes y mucho por hacer con aquellos que
todavía no han llegaron pero que van a llegar a
la consulta.
(cliquee abajo para acceder al artículo
completo)
“El
trabajo de los analistas en tiempos de trauma
social.
Segregación, exclusión y
hospitalidad”.
Dos comentarios de Alberto Sladogna de Mexico
DF
mailto:sladogna@mail.internet.com.mx
17/702
Estimados Carlos:
He leído tu texto: El trabajo de los analistas
en tiempos de trauma social. Segregación,
exclusión y hospitalidad. En principio estoy
sorprendido de manera muy grata, es increíble
que no nos habíamos conocido y compartimos
tantas cuestiones, desde los juguetes de la
época de los 50 hasta la forma de abordar
cuestiones de nuestra práctica. [...] Esa clase
de encuentros, dada la miseria actual de las
"relaciones analíticas", es muy buena, al menos
así lo es para mí.
Tu texto se organiza a través de un eje muy
interesante: trauma, catástrofe y
acontecimiento. Haces recorrer esa cuestión
localizando la historia y los momentos de
cambios en los sistemas del lazo social.
Me permito indicarte algo, a tu trabajo,
siguiendo la lógica del mismo, le convendría
introducir con más fuerza el hecho real. Le
llamo hecho real que a partir del campo de
concentración surge la post modernidad. Te
sugiero una lectura muy buena: Modernidad y
Holocausto de Zygmunt Bauman, editorial
Sequitur, Toledo.
Es en Auschwitz, a partir del cual ya no es
posible la poesía, frase que leo en el sentido
de que ya la poesía que se vaya a producir y se
produce -Semprún sigue escribiendo, Primo Levi
continuó escribiendo- pero ya, la poesía, no
tiene más lugar. Baste con ver el desierto en
que se ha convertido desde el punto de vista
cultural la ciudad de New York.
A partir de Auschwitz el hecho real es la
inserción de un nuevo tipo de lazo social cuyo
elemento de determinación, es a mi entender, la
ciencia. La ciencia en la vida cotidiana:
cuando nos dicen en el avión de tomar las
mascarillas, nosotros, los usuarios, no sabemos
que esa mascarilla es el resultado de los
experimentos científicos efectuados en
Auschwitz; o peor aún, cuando los movimientos
feministas reivindican el aborto se acercan,
por izquierda o por derecha, a la temática de
la eugenesia -una forma de purificación racial-
(por ejemplo en los países árabes, en algunos
de ellos, se emplea la ciencia para detectar el
sexo del heredero, entonces cuando es una mujer
y no hay primogénito, se efectúa un aborto).
Ojo, en la Alemania de esa época izquierda y
derecha coincidían en defenderla. Esos
acontecimientos tienen incidencia directa en
los casos que recibimos en el diván, baste con
hacer una lista de las cuestiones que los
analizantes no pasan por el diván como lo
hacían antes debido a su "solución" médica, por
ejemplo las angustias de si será nena o nene o
si tendrá o no malformaciones hoy las
"resuelve" la imaginología médica -scanner
dixit; la enuresis se traslada del diván al
consultorio médico; las cirugías estéticas que
implican una ética alteran el estadio del
espejo, al menos, en su valor "diagnóstico".
Entonces, quizás, darle más lugar a esa hebra
del real, de la ciencia en tanto actividad
desubjetivante, tema tratado de muy buena forma
por ti respecto del campo y del actual lazo
social. Baste pensar que Cavallo cuando decretó
el "corralito" -una forma del campo de
concentración- no pensaba en seres humanos sino
en números de cuentas habientes, operación
semejante a tatuarle el número a alguien en el
brazo y luego decir del número 123 al 321 van a
la cámara de gas.
Para terminar dos cosas más, me gustó tu
respuesta al tema de los psicofármacos, es de
carácter analítico, en efecto los analistas no
somos anti nada, anti fármacos ni anti
psiquiatras, el tema del medicamento tiene una
variante real que incumbe al conjunto, la
ciencia y luego otra variante singular: cada
loco, no por loco está exceptuado de hacerse
cargo de "su" relación con el medicamento, o
sea es un tema de análisis y no de campañas
ideológicas del analista.
La segunda cuestión es indicarte que a mi
entender el trauma no guarda relación alguna
con el sistema simbólico, incluso diría que en
el núcleo del trauma catástrofe y
acontecimiento hacen lazo. Al menos hasta
ahora considero conveniente no sacar el dedo
del renglón sobre el trauma como real, por
ejemplo, cómo nos las arreglamos los
psicoanalistas con el trauma, catástrofe y
acontecimiento que la pos modernidad nos impone
en nuestra práctica cotidiana. Seguiremos
diciendo cómo deberían encarar eso otros y
mientras no nos hacemos cargo de las
incógnitas, para ser suaves, que nuestra
práctica debe hacer frente a la "desaparición"
en términos de eficacia simbólica de la palabra
en la modernidad, ejemplo extremo de ello es la
palabra de los "políticos".
Por último una diferencia: ¿en realidad crees
que los analistas son neuróticos? A qué se debe
que excluyes al psicótico o al perverso con
condiciones para ocupar ese lugar. Casos
históricos de analistas "perversos" o "psicóticos"
hay y muchos más de los pensamos.
Bueno disculpa por mi extenso comentario, él
revela que tenemos y tendremos muchas cosas
para dialogar y problematizar de forma
compartida y con partida.
Un saludo afectuoso
21/7/02
Estimado Carlos:
Aquí te amplío, en la medida de mis
posibilidades, la cuestión del trauma, al menos
la lectura que te propongo del tema:
El trauma es un problema clínico -no teórico, y
su forma de presentarse allí revela un hecho:
él es algo -una extraña formación- que no
alcanzó su estructuración inconsciente en la
medida en que no se producen otras formaciones
de esa vena en su lugar: el ejemplo
paradigmático son los llamados sueños
traumáticos revelados por Abraham en relación
con los soldados de la 1ra. guerra mundial.
Sueños reiterativos que no lograban resolver
aquello que los "sueños" logran efectuar, por
ejemplo: la interpretación de un deseo.
A eso le sumo un comentario efectuado por Lacan
en su tesis sobre el tema del delirio. Esta
formación "psíquica" no es de carácter
inconsciente y debe su estructura a ser la
respuesta ante un hecho traumático producido en
una situación de crisis vital. A mi entender,
la clínica indica que el trauma revela una
crisis del sistema simbólico que tiene los
elementos necesarios para "acoger" una nueva
situación vital, de ahí que el trauma tenga un
contenido real revelado por imágenes, así los
sueños traumáticos, el carácter de sus imágenes
los singulariza respecto de otros sueños. Son
imágenes del real, no se producen ni metáforas
ni metonimias, operaciones propias del
simbólico, del simbólico analítico. Por último,
más allá de nuestras opiniones sobre tal o cual
declaración, nos queda una pregunta: Si las
madres de la plaza de mayo siguen marchando,
no es eso una señal más que clara de que algo
del real -los muertos sin cadáver ni
sepultura- sólo regresan en las imágenes de
esas marchas. No hay significantes que agoten
esa imagen del real. El simbólico a pesar de
los esfuerzos -placas simbólicas, tumbas
simbólicas, etcétera- no logra su cometido,
está rebasado.
Hasta aquí llegue al respecto, un abrazo y un
saludo afectuoso.
[1]
Conferencia pronunciada en el Hospital Alvear.
Junio 2002
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