¡Querido
amigo!. La respuesta del amor, la cuestión de los amigos.
Primera
Parte.
Freud quería encontrar un cauce para su querer vehemente y formidable y ocasionar cada vez la posibilidad de querer con el otro. Así se dirigía a su amigo, entre signos de exclamación, en el encabezamiento de sus cartas.
Creo que habría que investigar ese terreno donde él intercambia ideas, preocupaciones y anhelos, que después va a retomar en la construcción teórica del psicoanálisis.
Por ahora, gracias a los amigos, seguirá siendo Primera, porque voy a suspender el avance para poder volver –siempre es por repetición- a plantear, de un modo más preciso, dos de las cuestiones.
Voy a presentarles entonces, el primer tramo de un curso de trabajo que no es la continuación, sino el despliegue parcial de lo que fue la Primera Parte.
Parcial porque sólo voy a tomar los dos primeros puntos y, reordenando el avance, voy a incluír ahora una situación clínica.
Quedará para otra oportunidad lo que continúa de la Primera Parte:
1.La constitución del Yo –que es paranoica-, para abordar la clínica de las psicosis.
2. Antígona: entre la comunidad y el individuo.
La
cuestión de los amigos:
1. En el campo del amor, un lugar. La respuesta del amor y, la amistad como una de sus posibilidades.
2. De la paranoia a la amistad: un tránsito al exterior de la propia imagen.
3. Clínica: cuando la solución especular no resuelve.
¿Cómo pensar la amistad? : no se puede definir, no es en sí; no tampoco como atribución, ya que “tú eres mi amigo” es performativo.
Voy a plantear entonces paranoia como término opositivo para dar cuenta de ese encuentro amoroso, la amistad.
De la paranoia a la amistad, el narcisismo, la constitución del Yo como imagen , paradoja de su condición necesaria y obstáculo a disolver cuando del encuentro con otro se trata.
Realización del Yo como condición de posibilidad de la relación al otro y detención mortificante en ese enamoramiento. Porque no es sin constituír Yo como sí mismo, tomando como objeto la propia imagen, esto es apropiándose de la imagen del semejante, que se puede elegir un objeto diferente a Yo.
1.
En el campo del amor, un lugar.
Una
cita de Joaquín Sabina, el cantautor y poeta, que resuena ,por tanto, más que
mis balbuceos como analista:
”No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. J. Sabina.
Tres
hallazgos de lectura, que son para mí iluminaciones en la oscuridad, que me
permiten avanzar en este curso de trabajo:
-Nunca
hay que creer que Freud hace fenomenología aunque la hace. Siempre implica una
concepción metapsicológica.
Cuando
estudia el texto de Schreber, extrae una frase, “Yo lo amo”para dar
cuenta de la realización de la estructura del yo. Escribe Introducción del
narcisismo en la teoría, en la doctrina pulsional, para dar cuenta de la clínica
de las psicosis.
Lo
que la paranoia revela es la
constitución paranoica del yo: la identidad compacta de creernos lo que somos.
Porque si en algo podemos creer es en lo que no somos, porque mientras estamos
vivos no somos, vamos siendo. Sólo los muertos son, de ellos se puede decir fue
un gran escritor, fue un pobre hombre; pero eso es al término de la vida. Hay
una condición mortífera en el yo.
Freud
plantea la cuestión del amor para dar cuenta de la distorsión en la estructura
de lenguaje, que subyace al síntoma psicótico en el sujeto. Apunta al Sujeto y
este término indica siempre el efecto de una determinación estructural,
apuntar al “psicótico” es ingenuidad sustancialista. Lo que es psicótico
es el síntoma, de otro modo seríamos prefreudianos, harámos una lectura que
es la de la psiquiatría: hay psicóticos, y hay neuróticos, y salimos
clasificando gente.
-En
1975, en sus conferencias en U.S.A., Lacan señalaba que la psicosis es una
especie de fracaso del amor.
2.
De la paranoia a la amistad.
2-De
la paranoia a la amistad .
Se trata de situar tres momentos de la constitución subjetiva : de la desconfianza –que se revela en la paranoia-, por el miedo -la entrada en la neurosis que se revela en la fobia-, a la amistad.
La cuestión del ego es de modo manifiesto, primordial en las psicosis, ya que el ego, en su función de relación con el mundo exterior, está en ellas puesto en jaque. No deja pues de ser paradójico que se le quiera dar (al ego) el poder de manejar la relación con la realidad, de transformarla, con fines que se definen como defensa.
La
teoría del yo en Freud está hecha para mostrar que lo que llamamos nuestro
yo es cierta imagen que tenemos de nosotros mismos, que nos proporciona un
espejismo, de totalidad, sin duda.
El primer recurso más allá del desamparo es la constitución del objeto hostil, también se revela al término de la vida, cuando aparecen fenómenos paranoides; la subjetividad se desagrega por sus términos constituyentes.
La agregación pulsional que tiene como efecto la constitución del yo como imagen, no es sin resto: se segrega el objeto hostil.
En la paranoia, el “decir no”-que no hay- motiva las reversiones sintácticas del “lo amo”. Pero el amado es un semejante y negarlo implica en este caso ser aniquilado. Porque yo es otro.
Riesgo de aniquilación, puesto que se trata de una equivalencia del yo con el objeto.
“...Los
efectos diferentes de alucinación
o juicio negativo son siempre
potenciales pues pertenecen ambos a la estructura del aparato psíquico que
contiene, necesariamente, los momentos de negativismo y agregación pulsional, por lo que el estudio de ambos
efectos –su precipitación Freud la nombró: trauma- no puede separarse de un tiempo lógico que haga comprensible su
diferente co-existencia. De no
leerse de este modo, un psicótico no emitiría jamás juicio alguno y un
reflexivo intelectual podría estar a salvo de la alucinación.” S.
Glasman.
Freud
habla de un ser que se constituye en el “no”.
Es
el mismo acto el que constituye el sujeto en tanto tal. Se crea un símbolo cuyo
referente es esa carencia misma de representación –falta en ser- que consiste
en el negativismo; el “no” que permite el discurso y la positivación de lo que falta en
él, es la inscripción retórica de lo que falta en el lenguaje, negación.
Entre
el negativismo –puro rechazo
–el odio inextinguible, y la
negación: eso es el trauma.
Antes que al orden de lo enfermo, la paranoia compromete a la amistad.
La paranoia entonces, no sólo como psicosis, también como una forma cotidiana y habitual de locura: la desconfianza.
La paranoia es el lado morboso de la desconfianza; su resultado es la falta o la pérdida de los amigos.
Es carencia de hospitalidad, obstáculo para alojar al prójimo; es no poder (en el sentido de ser capaz) tolerar al otro; sin ese poder no se tolera nada.
Lacan
en su tesis de medicina escoge la psicosis paranoica , y afirma que el
delirio se presenta muy especialmente a propósito de relaciones de índole
social: relaciones con la familia, con los colegas, con los vecinos.
La
paranoia concierne a las relaciones sociales, momento de entrada a lo social.
La
paranoia concierne al lazo con los otros. El sujeto falla en el pasaje al medio
social.
La
paranoia está en la estructura misma de la sociedad.
La
ambivalencia es un trato cuyos dos polos,
amor y odio, no pertenecen al mismo registro.
En tanto que el otro significa algo, está sujeto al amor; pero en tanto que resiste a la lectura, lo real del odio responde a su no sujeción, puesto que entonces el odio es precisamente una condición de existencia. “El odio lucha por separar a la libido del objeto, el amor por mantener esta posición”.Duelo y Melancolía.
Es en el pasaje de una dimensión de dominio y control -rivalidad donde cuentan dos y hay un solo lugar-, a una dimensión de pérdida, donde es posible el encuentro amoroso.
El amor y el odio no están en el mismo nivel. Ese pasaje del 2 al 3 es constitutivo del sujeto: de la paranoia a la amistad.
Se efectúa un pasaje, un tránsito al exterior de la propia imagen.
A fin de conseguir un objeto de amor: -“se toma en principio a sí mismo, toma a su propio cuerpo como objeto de amor antes de pasar a la elección de objeto”.